lunes, marzo 27, 2006

Mirando hacia adelante, con los ojos cerrados

Hay veces me da por mirar al pasado para recordar momentos buenos y malos, amigos que se han ido, etapas de mi vida, o simplemente para apreciar la sencillez de las tardes de béisbol en la calle llena de charcos, o luego me da por pensar y tratar de imaginarme en un futuro, con base a lo que me gustaría que sucediese conmigo.

Normalmente no compro proyectos ni sueños, bastante patadas en el hocico me he llevado por haberlo hecho antes. Pero en ocasiones, hay algún buen proyecto o idea o sueño, y trato de integrarlo con lo que llevo en mente. Como resultado de eso muchas ideas originales han cambiado y se han fusionado para dar lugar a cosas como comprar ese terreno a un costado del golfo de México de unos 2 km, tapizado de pinos, del cual me conformo con un lote de una hectárea cuadrada. Y que gracias a la idea de una querida amiga, de repente me asalta la duda y tiendo a pensar en que incluiré una hectárea más para ella y su pareja.

Últimamente ronda en mi mente el hecho de que los treinta están a la vuelta de la esquina. Y si hubo alguna ventaja en haber salido dos años antes de la carrera, fue el haber tenido el tiempo necesario para no intercambiar juventud por experiencia. Sin embargo, en orden de no perder esa ventaja, por llamarla asi, y después de disfrutar un año sin desvelos por examenes de certificación, presentaciones y demás, he comenzado a pensar muy en serio sobre una maestría.

Y es que... la experiencia me dice que poseer una maestría en mi muy querido y devaluado mercado laboral mexicano es igual a gastarte doscientos mil pesos en una super-cogi-orgi-faji-degenere-fiesta pero sin la diversión y el intercambio de fluidos corporales. La filosofía empresarial del país cuenta entre sus principios tan avant-garde cosas como: "Estás infraempleado", "por lo que pides de salario, contrato a un recién egresado, y a alguien con experiencia en el área y me sobra", "Es que sólo te puedo ofrecer la mitad de lo que pides", y definitivamente no me interesa malvender mi capital intelectual, ni malgastar mi tiempo.

Supongo que al final de cuentas, llevaré la maestría que quiero, y de ser así será en el extranjero. Lo que me lleva a preguntarme ¿qué país es de mi agrado?. De entrada Estados Unidos queda descartado, y de entre todas las opciones, España, Suecia, y Canadá son los lugares que más me llaman la atención. Me gustaría Canadá, pero la parte que me interesa es francófona y fuera del "omelette du fromage" mi dominio del francés es nulo. Aún me quedan dos años y medio para irme a cazar sueños bajo el frio canadiense, acompañado por la gente querida (que saben muy bien quiénes son).

Y mientras eso sucede, seguiré soñando con terrenos compartidos, con bibliotecas comunes, y caminatas tranquilas a la sombra de los pinos... la idea es hacerlo acompañado... y la compañía ya esta pensada.

jueves, marzo 23, 2006

Señales/ En los días por venir...

Por lo general, la gente interpreta cosas o eventos como símbolos o señales con transfondos especiales. Cosas como el famoso gato negro cruzandose por tu camino, o el romper un espejo con su correspondiente carga de mala suerte tienen que haber venido de algun lugar.

Supongo que de ese remoto lugar que algunos denominan memoria colectiva de la humanidad, ha de venir esa expectativa que algunos tienen (¿tenemos?) en determinadas fechas. En este caso con la llegada de la primavera no sé a ciencia cierta qué sentir. Es decir... supongo que debe ser bastante espiritual estar en Teotihuacán vestido de blanco o rojo o de purpura verdoso y recibir la luz solar e inundarse los chakras o lo que uno se quiera inundar...

Pero en esta islita del señor, recibir la primavera ya no en algún centro ceremonial sino en la bendita calle es un acto de valor. Todo porque cuando te levantas con 26° a las 6:40 de la mañana y siente el agua de la regadera, caliente (1), pues como que te vas dando una maldita idea de que por lo menos a las 3 de la tarde le vas a pegar a los 36° con un 80 % de humedad. Claro... y encima quieren que uno reciba la primavera con alegría.

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Normalmente trato de no mencionar cosas sobre mi persona en demasía. Hacer eso es masturbarse virtualmente y afortunadamente el complejo de "ombligo del mundo" no echó raíces en tu humilde servidor. Así pues querido lector, querida lectora, hoy me doy permiso de sentirme contento porque el trabajo va bien, porque mi familia está bien, porque con todo y el poco cabello (2) que me queda, los amigos la llevan tranquila. Y porque esperamos que en los días por venir todo salga mejor...


(1) Hago hincapie en que estamos hablando de la llave de agua fría.
(2) Me dí el pequeño lujo de raparme antes de una junta con el subgerente, como no tomé foto a la cara de la gente cuando me vió llegar.

miércoles, marzo 08, 2006

Elogio de la mujer brava

Hay días como hoy, en los cuales o no me da el cerebro para plasmar las ideas en teclazos coherentes, o donde el concepto a referir es tan grande que no tengo palabras para expresar el cóctel de sentimientos que llevo dentro.

A falta pues de lo primero, y con lo segundo haciendo acto de presencia, pues me queda sólo compartir el siguiente punto de vista de Héctor Abad:

A los hombres machistas, que somos como el 96 por ciento de la población masculina, nos molestan las mujeres de carácter áspero, duro, decidido. Tenemos palabras denigrantes para designarlas: arpías, brujas, viragos, marimachos. En realidad, les tenemos miedo y no vemos la hora de hacerles pagar muy caro su desafío al poder masculino que hasta hace poco habíamos detentado sin cuestionamientos. A esos machistas incorregibles que somos, machistas ancestrales por cultura y por herencia, nos molestan instintivamente esas fieras que en vez de someterse a nuestra voluntad, atacan y se defienden.

La hembra con la que soñamos, un sueño moldeado por siglos de prepotencia y por genes de bestias (todavía infrahumanos), consiste en una pareja joven y mansa, dulce y sumisa, siempre con una sonrisa de condescendencia en la boca. Una mujer bonita que no discuta, que sea simpática y diga frases amables, que jamás reclame, que abra la boca solamente para ser correcta, elogiar nuestros actos y celebrarnos bobadas. Que use las manos para la caricia, para tener la casa impecable, hacer buenos platos, servir bien los tragos y acomodar las flores en floreros. Este ideal, que las revistas de moda nos confirman, puede identificarse con una especie de modelito de las que salen por televisión, al final de los noticieros, siempre a un milímetro de quedar en bola, con curvas increíbles (te mandan besos y abrazos, aunque no te conozcan), siempre a tu entera disposición, en apariencia como si nos dijeran "no más usted me avisa y yo le abro las piernas", siempre como dispuestas a un vertiginoso desahogo de líquidos seminales, entre gritos ridículos del hombre (no de ellas, que requieren más tiempo, y se quedan a medias).

A los machistas jóvenes y viejos nos ponen en jaque estas nuevas mujeres, las mujeres de verdad, las que no se someten y protestan, y por eso seguimos soñando, más bien, con jovencitas perfectas que lo den fácil y no pongan problema. Porque estas mujeres nuevas exigen, piden, dan, se meten, regañan, contradicen, hablan, y sólo se desnudan si les da la gana. Estas mujeres nuevas no se dejan dar órdenes, ni podemos dejarlas plantadas, o tiradas, o arrinconadas, en silencio, y de ser posible en roles subordinados y en puestos subalternos. Las mujeres nuevas estudian más, saben más, tienen más disciplina, más iniciativa, y quizá por eso mismo les queda más difícil conseguir pareja, pues todos los machistas les tememos.

Pero estas nuevas mujeres, si uno logra amarrar y poner bajo control al burro machista que llevamos dentro, son las mejores parejas. Ni siquiera tenemos que mantenerlas, pues ellas no lo permitirían porque saben que ese fue siempre el origen de nuestro dominio. Ellas ya no se dejan mantener, que es otra manera de comprarlas, porque saben que ahí -y en la fuerza bruta- ha radicado el poder de nosotros los machos durante milenios. Si las llegamos a conocer, si logramos soportar que nos corrijan, que nos refuten las ideas, nos señalen los errores que no queremos ver y nos desinflen la vanidad a punta de alfileres, nos daremos cuenta de que esa nueva paridad es agradable, porque vuelve posible una relación entre iguales, en la que nadie manda ni es mandado. Como trabajan tanto como nosotros (o más) entonces ellas también se declaran hartas por la noche, y de mal humor, y lo más grave, sin ganas de cocinar. Al principio nos dará rabia, ya no las veremos tan buenas y abnegadas como nuestras santas madres, pero son mejores, precisamente porque son menos santas (las santas santifican) y tienen todo el derecho de no serlo.

Envejecen, como nosotros, y ya no tienen piel ni senos de veinteañeras (mirémonos el pecho también nosotros, y los pies, las mejillas, los poquísimos pelos), las hormonas les dan ciclos de euforia y mal genio, pero son sabias para vivir y para amar, y si alguna vez en la vida se necesita un consejo sensato (se necesita siempre, a diario), o una estrategia útil en el trabajo, o una maniobra acertada para ser más felices, ellas te lo darán, no las peladitas de piel y tetas perfectas, aunque estas sean la delicia con la que soñamos, un sueño que cuando se realiza ya ni sabemos qué hacer con todo eso.

Somos animalitos todavía, los varones machistas, y es inútil pedir que dejemos de mirar a las muchachitas perfectas. Los ojos se nos van tras ellas, tras las curvas, porque llevamos por dentro un programa tozudo que hacia allá nos impulsa, como autómatas. Pero si logramos usar también esa herencia reciente, el córtex cerebral, si somos más sensatos y racionales, si nos volvemos más humanos y menos primitivos, nos daremos cuenta de que esas mujeres nuevas, esas mujeres bravas que exigen, trabajan, producen, joden y protestan, son las más desafiantes, y por eso mismo las más estimulantes, las más entretenidas, las únicas con quienes se puede establecer una relación duradera, porque está basada en algo más que en abracitos y besos, o en coitos precipitados seguidos de tristeza: nos dan ideas, amistad, pasiones y curiosidad por lo que vale la pena, sed de vida larga y de conocimiento.


Despues de las líneas anteriores pienso en todas esas mujeres bravas, amigas, amantes, novias, hermanas, compañeras de trabajo, y una inevitable media sonrisa se esboza. A la salud de uds: Brisa, Sol, Angie, Ace, Lenis, Ana, Mónica, Andaira, Martha, Lourdes Jeannette, Yat,Ultraviolet, Gwen, Luz, y todas aquellas mujeres bravas que se te ocurran querido lector lectora...

miércoles, marzo 01, 2006

De Alcoholes y demás

Después de un período de ardua experimentación y de la aplicación de los mas rigurosos metodos cientifícos, la banda acá en Cd. del Crimen ha determinado:


LAS 22 ETAPAS DE UNA BUENA PEDA...

Etapa 1. Copeo leve con botana.

Etapa 2. Copeo fuerte sin botana.

Etapa 3. Exaltación de la amistad y el parentesco.

---3.1 Mutuas gracias y virtudes

---3.2 Te quiero como a un hermano (a).

---3.3 Antes me caías mal, pero ahora...

Etapa 4. Cantos alegóricos y bailes regionales

---4.1 Fuera inhibiciones

Etapa 5. Las netas y los me cae's

Etapa 6. Aumento de la temperatura y acoso sexual

---6.1 Autopresentación con desconocidos

---6.2 Llamadas reveladoras a los (a) ex: "No puedo dejar de
pensar en ti".

---6.3 Miradas de odio a quién bateo al amigo (a)

Etapa 7. Revelación de la verdadera personalidad

---7.1 El simpatías o mil chistes

---7.2 El superdotado

---7.3 El políglota

---7.4 El corriente

---7.5 El trotamundos o viajero

---7.6 El depresivo

---7.7 El mil ligues

Etapa 8. Degradación del idioma

Etapa 9. Vituperios al Clero y al Estado

Etapa 10. Autosuficiencia moral y económica

---10.1 Me vale madre

---10.2 Yo pago

---10.3 Yo manejo

Etapa 11. Transmisión de la culpabilidad

---11.1 Algo le echaron a las cubas

---11.2 Es el hielo, algo le pusieron

Etapa 12. Repentina pérdida del equilibrio

---12.1 Caída libre o resbalones

Etapa 13. Caída del sistema

---13.1 Ya valió, ando bien pedo

Etapa 14. Destrucción del inmueble

---14.1 Pérdida total de la memoria caché... sentado en el bar
con cara de pedote.

Etapa 15. Difícil desalojo del inmueble

---15.1 Yo no me quiero ir del antro... ¡estoy bien! ¡me cae!

Etapa 16. Devolución de la botana

---16.1 Abrazo al ídolo de porcelana....o donde te sostengas

Etapa 17. Haciendo tierra o tirando el ancla

Etapa 18. Taquicardia y delirio de persecución

Etapa 19. Amnesia, cruda moral y juramentos posteriores

---19.1 Estado "CREDO" (entre crudo y pedo)

---19.2 ¿Qué soy novio (a ) de quién?

---19.3 ¿Qué besé a quién?

---19.4 ¿Qué me acosté con quién?

---19.5 Neta güey... no me acuerdo de nada...

Etapa 20. Recuento de los daños

---20.1 ¿Y mi celular?

---20.2 ¿Quién me quemó con un cigarro?

---20.3 ¿Y ese moretón güey?

---20.4 ¿las llaves?

Etapa 21. No vuelvo a chupar... (clásico)

Etapa 22. ¿Por qué les hice caso, no hubiera ido?


Elevamos nuestras plegarias al cielo por todas las neuronas sacrificadas en el nombre de la ciencia...

¡¡SALUD !!